Brouwerij De Molen ya estaban en esto del craft beer antes de que la mayoría de nosotros hubiera oído hablar de ello. Hay que remontarse a 2004 cuando Menno Olivier montó De Arkduif, una cervecería en un pequeño molino de viento local.
De Salamander, De Arkduif… De Molen
Antes de eso, Menno, ya llevaba 12 años perfeccionando sus aptitudes como brewmaster en una modesta fábrica y sala de degustación precariamente instalada en su garaje a la que llamó “De Salamander”. Como hemos avanzado, fue en el 2004 cuando pudo disponer del local del molino de viento “De Arkduif”, dando un salto y rebautizando su proyecto como Brouwerij De Molen.
Paralelamente y complementariamente a esto, Olivier emprendió Eet & Bierlokaal, un restaurante cuyo leitmotiv era la cerveza que estaba conformado por una sala de degustación y una tienda de cerveza.
En este sentido, es imposible que cualquiera que haya empezado un proyecto relacionado con la cerveza artesana no se mire en De Molen como un ejemplo precoz y pionero. Y es por eso por lo que también muchos cerveceros consideren a Menno como una especie de padre o padrino, y lo admiren como una figura con una trabajada y merecida autoridad moral en el sector.
Evidentemente, la evolución de De Molen no paró allí, ya que, gracias a la aceptación tanto local como internacional, la marca fue haciendo nuevos y nuevos acólitos y su demanda fue creciendo.
Un nuevo socio y una nueva expansión
Otro hito en su historia transcurre en el 2009 cuando John Brus entra como socio de Menno dando el pistoletazo de una nueva etapa en la cervecería.
Entre los dos diseñan la siguiente fase de De Molen y dos años después la nueva fábrica con una cocina de mayor capacidad ya estaba lista para funcionar a 60 metros de la original.
El equipo de De Molen también siguió esta lógica ascendente hasta el punto que en año 2015 ya sumaban 12 personas, incluyendo a Menno y John, para el trabajo de elaboración y distribución.
Las cuatro velas: una declaración de intenciones
Otro de los hitos importantes de este proyecto fue la publicación de una especie de hoja de ruta y visión de De Molen en el 2016 bajo el nombre “Las cuatro velas de Brouwerij de Molen”. En él se detallan los objetivos y la visión del proyecto sirviéndose de una bonita metáfora poética.
Las cuatro velas, inspirándose en las aspas del molino son, también, los cuatro principios que mueven y justifican toda su actividad. En este sentido, esta declaración de intenciones podría ser suscrita y firmada por muchos de los actores del movimiento craft en el mundo ya que definen bastante bien la esencia de éste.
1. No hacer concesiones al gusto, el equilibrio o los ingredientes.
2. Nunca pares de experimentar e innovar.
3. Promover la colaboración e intercambio de conocimientos con otros cerveceros líderes en cerveza artesanal.
4. Tratar de ser un embajador de la escena de la cerveza artesanal, que en nuestra opinión significa calidad y diversidad sobre todo lo demás.
Compra por Swinkles Family Brewers
Cabe mencionar que en los últimos años y desde la publicación de Las Cuatro Velas, el holding holandés Swinkles Family Brewers han ido adquiriendo un porcentaje de las acciones de De Molen.
Primero, coincidiendo con el manifiesto del 2016 anunciaron la compra de un 35% por parte de la gran compañia que también es dueña de conocidas cerveceras como Bavaria o La Trappe.
En el 2019 se anunció la compra del 100% de las acciones, por lo que la cervecera del molino ya pertenece legalmente a Swinkles.
En todo momento De Molen ha justificado esta compra como el único camino para poder seguir creciendo sin sucumbir a las exigencias de un mercado cada vez más saturado.
Siempre han manifestado que todas estas medidas se habían tomado para poder centrarse en la producción y en la innovación, externalizando lo que para ellos eran trabajos costosos que les reducían el tiempo para dedicarse a los principios de las cuatro velas.
Evidentemente, esta compra se viene a sumar a otras conocidas compras en el sector del craft beer y vuelve a abrir el debate de la independencia de las cerveceras que entran a formar parte de grandes holdings.
En nuestra opinión, lo que verdaderamente evidencian estas decisiones de marcas que siempre han defendido la independencia como De Molen es lo complicado que es entrar en la lógica de los mercados. Es decir, lo complicado e incierto que es tomar decisiones. Al final es como andar en la cuerda floja entre quedarse como estás, corriendo el riesgo de volverte intrascendente dentro de la vorágine de la competencia, o crecer asumiendo muchos más costes y necesidades de ingresos.
Conclusiones
En una entrevista a Menno este contaba que en sus orígenes lo que más le importaba era no estar condicionado por el gusto general. Él tenía claro que cervezas quería hacer, poniendo en primer lugar a los ingredientes y esos sabores que a él le gustaban. Comenta que fue difícil pero que no por ello dejo de hacer las cervezas que a él le gustaban.
Ese empeño ha conseguido que sus cervezas, en Brouwerij De Molen, sean reconocidas. Mucho de ese público, que en un principio no valoraba sus cervezas, ahora sí que lo hace.
Al final, ser persistente y no dudar de esos principios que, a priori, parecían contravenir todas las reglas del mercado, tuvo su premio. Esa es, posiblemente, la mejor lección que podemos extraer de De Molen.
Buen diseño y habilidades de comunicación perfectas.